8 razones y ningún spoiler por las que te recomendamos 8 apellidos catalanes

8 razones y ningún spoiler por las que te recomendamos 8 apellidos catalanes

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Ocho apellidos catalanes, la secuela de Ocho apellidos vascos, acaba de estrenarse y ya está copando los primeros puestos de las películas más vistas del año. Si todavía no os habéis animado a reíros a carcajadas os damos unas cuantas razones más para que lo hagáis este mismo fin de semana.

1.- Porque el dicho “segundas partes nunca fueron buenas” no siempre es cierto. Sólo hay que pensar en El Padrino II o en El Imperio Contraataca para comprobar que puede haber excepciones a la norma. Si os gustó la primera parte, Ocho apellidos vascos, os aseguramos que esta no os va a decepcionar… y si lo hace, siempre tendréis la oportunidad de protagonizar emocionantes debates de bar en los que vosotros haréis de abogado del diablo y estaréis autorizados para hacer gestos de desaprobación o a chasquear la lengua. Lo más.

2.- Porque no querréis que en la próxima salida os condenen al ostracismo social o se os quede cara de “toli” cuando todo el mundo se ponga a comentar la película y vosotros no seáis capaces ni de meter un determinante entre sus frases. O peor aún: que os la destripen entera como hizo Mariano Rajoy en el Congreso con la película de Los Otros. Cuanto antes vayáis, mucho mejor para vuestra vida social y para que no os la den con un spoiler.

3.- Porque las clases de risoterapia cuestan mucho más caras que una entrada de cine y los efectos de reírte a carcajadas escuchando las ocurrencias de Dani Rovira son igual de beneficiosos: una acción tonificante y antiarrugas para la piel, reducción inmediata de la presión arterial, mejoría de la respiración y liberación de endorfinas. Y además, después de una sesión de risas, dormiréis como un niño y despejaréis la nariz y el oído (algunos antigripales también salen mucho más caros).

Trailer De Ocho Apellidos Catalanes Landscape

4.- Porque la risa es síntoma de inteligencia. Y la inteligencia es sexy. Traducción: porque Dani Rovira nos pone muchísimo, como todos los chicos que saben sacarnos una carcajada cuando más lo necesitamos o cuando nos acordamos de la factura de la luz (todo el tiempo). Y sí, puede que estemos empezando a verle hasta en la sopa (sin acritud, Dani), pero tiene pinta de convertirse en el próximo Novio de España, o al menos, en el Perfecto Yerno según la Asociación Española de Suegras. Sólo él sabe sacarle partido al salero andaluz sin que resulte cargante o nos recuerde a Omaita, pero sin rulos y batita de guatiné.

5.- Porque no hay nada como el humor para limar asperezas. Estés de parte de quién estés en el debate independentista, verlo desde la perspectiva del otro y tomárselo con humor relaja las posturas. Ocho apellidos catalanes puede que caiga en los tópicos, pero también extrae la realidad nacional, la que nos avergüenza a unos y a otros. ¿Lo veis? Si tenemos mucho en común...

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6.- Porque han ampliado el plantel de actorazos… con más actorazos. Porque si Karra Elejalde ya nos parecía la pera limonera, en Ocho apellidos catalanes nos encontramos con una Rosa María Sardá apoteósica y tan ácida como si estuviera chupando un limón eterno. Por no olvidar a Berto Romero, que en su papel de moderno agarrao le pega un repaso tremendo a la figura de los hipsters que a más de uno se le va a pelar la barba.

7.- Porque tenemos que comprobar si Clara Lago sigue cayendo tan mal como cae o si se merece que le demos una segunda oportunidad, después de su metedura de pata con los fans y de las malas críticas que se ha llevado con la película anterior. Que sí, Clara, que entendemos que te agobie que te estén pidiendo autógrafos mientras estás en la cola de la pescadería, pero todos los trabajos tienen su Lado Oscuro y siempre es mucho mejor el tuyo (y lucir los modelitos que luces) que bajar a picar a la mina.

8.- Porque tenemos que apostar por nuestros buenos productos y apoyarlos para conseguir más reconocimiento en el exterior: por el jamón estupendo, el aceite de oliva de rechupete, el queso, los vinos, el cocido de mi suegra y la ensaladilla rusa de mi madre… y, claro, por las películas 100% de producción nacional como Ocho apellidos catalanes.

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